miércoles, 7 de febrero de 2018

¿Por Qué Te Enamoras Tan Rápido? ¿Por Qué Sufres? ¿Por Qué La Mala Suerte? ¿Tienes Apego Emocional?


Si pudieras controlar a tu pareja, hacer que piense en ti todo el día y que jamás pueda fijarse en alguien más… ¿lo harías?

Si tuvieras la fórmula para asegurar que ella va a enamorarse loca irreversiblemente de ti para siempre, sin opción a elegir… ¿la utilizarías?

Si pudieras tomar su celular y confirmar o averiguar lo que quieras sin que ella lo sepa… ¿lo harías?

Si la respuesta es “sí”, tú no amas, tú deseas poseer, adueñarte, controlar. Si pudieras claramente lo harías.

No es amor, es apego, es la razón por la te “enamoras” tan rápido a las personas. Crees que las amas pero tú no tienes la menor idea de qué es amor.

No valoras en una persona su libertad, su poder para elegir lo que también es mejor para ella, lo que más quiere, lo que más le conviene.

No ves a una persona por lo que es sino por el vacío que tú necesitas llenar.

Tú buscas quién te recoja, quién te haga sentir lo bien y lo seguro que no te has podido sentir por ti mismo.

Y de ser así, aunque no lo creas, aunque te creas la persona más buena y más entregada del mundo, no lo eres. Eres cruel, egoísta. Así nunca vas a ser amado.

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Es hilarante pero tanta gente buscando en internet “cómo amarrar a una persona”, “cómo hechizarla”, “cómo mantenerla a tu lado”, “cómo retenerla”, “cómo enamorarla para siempre”… Aunque ellos jurarían que es amor, no lo es.

Si cuando te “enamoras”, deseas que esa persona te llene, te complete, te haga feliz, eso no se parece al amor, se parece más al apego, a la idealización.

Si sientes la necesidad de alguien, te desesperas porque no responde cuando quieres, deseas controlarle y te frustras cuando no puedes, deseo que esa persona huya de ti para siempre porque tú lo que quieres es arrebatarle su libertad.

Aunque tú creas que amas con todas tus fuerzas, mentira. Ver sólo por ti es egoísta y el amor nunca es egoísta.

Que te duela lo que tenga que dolerte pero todo esto sólo es el reflejo de quien no sabe ni quiere hacerse cargo de sí mismo.

Creer que necesitas de esa persona a tu lado para ser feliz y para estar bien, está a miles de kilómetros de distancia de ser amor.

Querer que esa persona pase junto a ti cada segundo, que te piense todo el tiempo, saber cada cosa que hace, desear que te pertenezca, no es amor, es apego.

El apego no sólo no es útil, sino que se encargará de hacer huir a tus parejas o que estén contigo para no lastimarte porque les has hecho creer que literalmente les necesitas para estar bien.

El apego te hará repetir el patrón que hace que una y otra vez tu corazón se rompa en pedacitos.

Te hará creer que nadie sabe querer como tú, que nadie te valora, que siempre te han tocado malas personas, que tú eres bueno y los demás son malos, y no es así.

Es más, es posible que el malo del cuento seas tú, y peor aún, porque eres el malo, y te crees la víctima.

Quizás no lo sepas, pero el apego es construir una jaula y querer encerrar allí a la persona que supuestamente amas.

Aniquilarías su libertad, sólo porque quieres asegurarte de que no escapará, que siempre estará ahí para ti.

Muchas personas tienen tanto miedo a hacerse cargo de sí mismas, a la soledad, a responsabilizarse de sí, que sólo buscan desesperadamente a quién darle esa carga.

¿En serio te sorprende que las personas huyan de ti cuando ven lo que quieres hacerles?

Ve afuera, y en vez de tener algo atractivo qué ofrecer, ve por ahí intentando ponerle cadenas a las personas. Luego vienes y me dices cómo te fue.

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Suelo compartir en cursos que siempre, pero más aún cuando deseas algo muy especial con alguien, debes empezar por al menos dos: Uno, no amenazar su libertad, y dos, nunca implicar un riesgo.

Cuando deseas adueñarte de una persona y su tiempo o cuando demandas un compromiso prematuro, amenazas su libertad y la obligas a elegir entre su libertad y tú.

Cuando te muestras dependiente, muy frágil, vulnerable, enamoradizo, implicas un riesgo, el riesgo de lastimarte, y hay personas que jamás querrán eso, preferirán partir a tiempo.

¿Crees que esa mala racha en el amor ha sido mala suerte o tú te lo buscaste?

Responde: ¿Qué haces cuando conoces a nuevas personas?

¿Permaneces ligero, light, desapegado o te pones el pie tú solo una y otra vez mostrando la gran carencia del afecto que tú no te has dado?

Ese agujero de afecto, atención y cariño que tú dejaste, que pretendes que otros llenen, y que crees que es amor, no lo es.

Entre menos respeto, atención y afecto te des a ti mismo y a la construcción de lo que sea que desees, más enamoradizo eres. No le busques, así es.

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¿Quieres parar el patrón destructivo del apego? Empieza por asumir y aceptar de una buena vez por todas, aunque sientas el mayor frío que has sentido, que estás solo.

No eres dueño de las personas, las personas no son tuyas, no las controlas, no tienes derecho a querer poseer su tiempo y su libertad.

Las personas no estarán para siempre y tú tampoco lo estarás. No puedes asegurar qué pasará después.

No pido que renuncies a las personas, que no te enamores. No digo que nadie se va a enamorar de ti o que debas evitar sentir algo fuerte hacia alguien.

Sólo digo que las personas son libres y tienes que entenderlo para que tus relaciones mejoren.

No me refiero tampoco a que no haya familiares, amigos sinceros, hombres y mujeres, gente genuinamente enamorada de ti.

Me refiero a que nadie, por más que te ame va a llegar a solucionarte la vida, a salvarte, completarte y hacerte feliz.

Nadie va a venir a darte los placeres que solo no logres, nadie va a cuidarte y protegerte porque tú no sabes hacerlo. Tú, eres tu tarea y de nadie más.

Eso pretendo decir cuando digo que estás solo, y saberte solo no te hace incompleto, no te hace infeliz, no te hace vacío. De hecho, al contrario. Es el primer paso para estar completo y feliz. Es tu camino, es tu trayecto, es tu vida, de ella eres el único responsable.

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La sensación de extrañar a alguien, el miedo a perderle, el desear que siga junto a ti, amar y disfrutar su compañía, todo eso es natural.

No lo padezcas, disfrútalo, está pasando, te está pasando a ti. Vívelo ahora y no pretendas que por tu voluntad las personas serán y estarán para siempre.

Dales a las personas la oportunidad de partir o quedarse porque son libres, y que ellas decidan.

Quienes sigan a tu lado lo harán por elección, y quienes partan será porque junto a ti ya no eran libres.

¿No piensas que arrebatarle a alguien su libertad es más triste que perderle?

Se puede sentir miedo a la pérdida, a echar de menos, a que la persona amada se enamore de alguien más, y aun así, su libertad y la tuya son intocables.

En el peor de los casos, si la persona que amas partiera, guarda bien el recuerdo de que haya estado en tu vida. Quédate con eso y sigue adelante porque todo continúa.

Además, allá afuera nunca dejará de haber personas atractivas encantadas de conocerte, siempre y cuando tú estés bien.

Tu sensación de felicidad y plenitud diaria tiene que ver con lo que tú haces por ti mismo, no con lo que alguien puede venir a hacer por ti.

No esperes nunca a que llegue la persona que te hará feliz porque si acaso llega alguien con quien ser más feliz, le vas a aprisionar o ahuyentar, y ninguna de las dos se vale.

No esperes entonces. Encárgate de encontrar la forma de ser feliz y autosuficiente ahora.

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Todo esto, repito, no significa que no vas a enamorarte o que no te abrirás transparente a esa persona, de hecho significa que por primera vez lo harás porque recordemos que el apego no era sincero, era egoísta.

Era un grito desesperado pidiendo atención y ayuda, pero hay atenciones y ayuda que sólo tú puedes darte. Nadie más, aunque quiera.

Si aprendes a ver por ti y practicas el desapego verás que enamorarse no es algo a lo que tener miedo, no es algo que haga sufrir o que cause angustia.

Estás sano, sin miedo, sin apego. Eres libre, independiente, autosuficiente. Ya eres completo, feliz.

No tienes que atar a nadie para que te haga feliz mientras encuentra cómo desatarse. Empezar a enamorarte no es egoísta, es generoso, se siente bien.

No quieres aprisionarle, quieres compartirle a esa persona, enseñarle, ayudarle a crecer, a ser más grande aunque con ello se volviese más atractiva y más personas le desearan.

Tener opciones, que la otra persona también las tenga y que sigan compartiendo juntos porque siguen siendo su elección, se siente bien.

¿Qué versión de ti quieres ser y qué tan listo, desapegado, sano y preparado quieres estar para no sufrir, y en cambio, sí disfrutar desde el segundo cero con otra persona sana?

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La próxima vez que te veas apegado, extrañando con angustia, desesperado, con miedo a perderle, ponte audífonos, ropa deportiva y sal a correr, o a pasear.

Llama a un amigo, invítalo a tomar un café, sal, socializa, diviértete, descubre gente nueva, pásatela bien.

Haz lo que deberías estar haciendo: Ver por ti y aprovechar el valioso tiempo que tienes.

Parece contra-intuitivo pero cuando aprendes el desapego, cuando aprendes a ver y aceptar lo maravilloso que es que las personas sean libres, ellas te buscan y quieren estar contigo porque tú eres su elección.

Entonces… ¿Apego o desapego? ¿Qué tanto amas de verdad y qué tanto quieres que te amen?

Con apego, haces que las personas quieran estar contigo porque no quieren lastimarte, por lástima, porque te convertiste en obligación.

Sin apego, quien esté contigo podría no estar, pero estará, y lo hará por convicción y por elección.

“Elección”, qué bonita palabra, grábatela. Que esa persona pueda estar con cualquier otra pero te elija a ti, que esa persona pueda engañarte sin que tú lo sepas, pero no lo haga.

Que esa persona tenga opciones, gente demandando su atención, personas interesantes con quiénes estar, y que te elija a ti porque tú eres su elección. ¡Arre!

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