jueves, 6 de abril de 2017

¿Para Qué Estás Aquí, Si No Es Para Ser El Protagonista?


Jamás te permitas observar las cosas como si no tuvieran frontera, o como si fueran tan inmensas que parecen infinitas. Detecta cuál es la frontera de cada una de las cosas negativas que a veces pasan.

Siempre que empieces a sentir angustia por algo malo que está pasando o puede pasar… Enseguida, ponle un límite.

¿Por qué? Porque todas las cosas malas que a veces pasan, tienen frontera, y su impacto, siempre está limitado.

El alcance de las cosas negativas, aunque cuando estamos pasando por ellas, parece gigantesco, la mayoría de las veces, no lo es.

Aterrizado, con ejemplos, quiero decir esto:

Si tu pareja, súbitamente, de la nada, empezó a cambiar contigo, o acaba de terminar contigo, no pasa nada.

Sí, lo sé. Puede que tú sientas que tu mundo se acaba en este momento, y que la felicidad parte para siempre, o que estarás solo a partir de ahora. Pues nada de eso es cierto.

¿Quieres comprobarlo? Voltea y señala al azar a cualquier persona. Seguro que esa persona pasó por algo parecido, y sabes qué, no pasa nada.

No solo no pasa nada cuando tu pareja te deja o te falla, sino que quizás, ahí encuentres el motivo para despertar tu coraje dormido y para cambiar lo que debas cambiar.

Ahora. Si estás angustiado por cualquier posible mala noticia, o alguna cuestión del trabajo o la universidad, sabes qué, no pasa nada.

A veces, un mal resultado de algo o cualquier mala noticia, pueden hacerte pensar que tu mundo se define en ese momento. ¿Y sabes qué? Sí. Cada cosa que hacemos cada segundo, hasta la más pequeña, es decisiva. Así funciona y tú no vas a cambiar eso, pero, escucha muy bien…

Las malas noticias, los tropiezos, los errores, todos ellos, son los mejores detonadores de experiencia y aprendizaje. Y experiencia, y aprendizaje, es exactamente lo que necesitas para conseguir por cuenta propia todo lo que deseas.

Quieres ser más cabrón, más experimentado, y estar listo para lo que vendrá ¿No es así? Pues ahí lo tienes.

No puedes aprobar mágicamente un examen o cambiar una mala noticia, pero estás aprendiendo sobre la vida.

El valor que tiene aprender sobre la vida, eso sí es infinitamente grande. Y si quieres que el precio que ya pagaste, haya valido la pena, pues, justamente eso, haz que haya valido la pena.

Si no lo haces, habrás pagado un precio, en vano, tan solo para nada. ¿Qué se siente sufrir por nada?

Cuando la vida te golpea, y duele, ya pagaste el precio. Pues ahora, reclámale lo que pagaste. Aprende la lección, y no vuelvas a tropezar con la misma piedra. Eso si no.

Equivócate, mil veces, no pasa nada, porque eso es necesario para volverte un cabrón en cualquier cosa. Pero no tropieces dos o tres veces con la misma piedra. Eso no.

Si estás preocupado porque viene algo y no sabes cómo resolverlo, pues sabes qué, otra vez, que no pasa nada.

Sí. Quizás no sabrás como resolverlo, quizás todavía no estás listo ahora para lo que viene, quizás pierdas esa batalla.

¿Y qué? ¿Sabes cuál es el proceso para estar listo? Es, no haber estado listo, y haber fallado, varias veces, hasta haber aprendido lo suficiente para, ahora sí, estar listo.

Esa cosa inevitable que tanto te aterra y a la que tanto le tienes miedo, sucederá, porque el tiempo no se detiene. Pasará cada segundo, hasta que esa batalla que querías evitar, llegue, y después, habrá pasado.

No sé cómo lo habrás hecho, y tú tampoco lo sabes, pero pasará. Porque todo, pasa. Nunca lo dudes.

Entonces, si al final, eso que quieres evitar, habrá pasado, ahora sólo te queda enfrentar el miedo, y los nervios. Y dar esa batalla. Lo mejor que puedas, lo mejor que salga.

Ahora sabes que si esa batalla no se gana, no pasa nada, tan solo tendrás más experiencia, y estarás más preparado gracias a ello.

La vida no se trata de estar bien siempre, de no equivocarte, o de no caer, porque nadie jamás ha logrado eso. La vida se trata de que te irá mejor cuando aprendas a jugarla.

Si aprendes sobre la vida, y sobre los golpes de la vida, creces, y ganas.

No estoy diciendo que las cosas que hacemos y nuestras decisiones no tangan importancia o no vayan a tener un impacto. Claro que las cosas son importantes, y claro que tienen impacto en nuestra vida, pero ese impacto, siempre tiene una frontera.

Cuando sientas que todo el mundo se derrumba, o cuando sientas que eres pequeño para lo que viene… Eso, tiene frontera.

Primero: El mundo no va a derrumbarse, no hagas drama. Y segundo: Nunca eres tan pequeño como crees.

Pero… Si tu mundo sí se derrumbara, pues sabes qué, tienes manitas, y para algo sirven, y lo puedes construir otra vez. Más firme, más moderno y mucho más grandioso. Uno que resista mejor los impactos.

Y cuando ese lugar más firme, más grande y más moderno, sea tuyo… ¿Sabes gracias a qué, habrás puesto el primer ladrillo? Gracias a que la construcción anterior no tuvo la fortaleza necesaria para resistir los impactos.

Así que, cuando creas que todo está pasando… No, no todo está pasando.

Hasta el obstáculo que parece más grande, si no puedes destrozarlo de un solo golpe, destrózalo por partes, con todos los golpes que sean necesarios.

A veces, lo que enfrentas parece tan grande como una inmensa montaña, pero cuando estás del otro lado, tan solo lo ves como un risible puñado de tierra. Es porque la montaña nunca fue tan grande como parecía, y tú tampoco eras tan pequeño como creías, y porque además, eres más grande ahora.

¿Pero sabes qué? No basta que alguien te lo diga. Tienes que comprobarlo, tienes que hacerte ese regalo.

Así que cuando creas que todo está pasando, que todo es demasiado difícil, o cuando creas que no te quedan fuerzas. ¡Despierta!

No esperes a sentirte motivado. No esperes a ver qué pasa. No esperes a perder peso. No esperes a que todo mejore. No esperes a que aparezca la oportunidad. No esperes a que llegue esa persona especial. No esperes a que salga el jodido sol.

Tú no llegaste a este mundo para hacerte bolita y sentirte pequeño. Tú no llegaste aquí para dejarte aplastar. Tú no estás aquí para acostarte sobre una cama y esperar con miedo a ver qué pasa. Tú no llegaste hasta aquí para abrazar el miedo y evitar enfrentar lo que haya que enfrentar. Tú no llegaste aquí para darle la espalda a la película, y perdértela.

Tú estás aquí porque eres el protagonista, y no un extra, y vas a reclamar tu maldito lugar, y si no lo haces, vete. Tú estás aquí para entender las reglas del juego de la vida, y jugarlo, y superarlo, y levantar la frente.

Estás, aquí, para superar el desafío y volverte más grande y ser más fuerte, y quiero que lo hagas, ahora. ¡Arre!

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