jueves, 12 de enero de 2017

Cómo Saber Si Le Gusto O Estoy Confundiendo Las Señales, Y Qué Hacer En Cualquier Caso


Cuando alguien empieza a gustarte, nada te interesa más que saber, que sí, tú también le gustas.

Pasas a una atmósfera mucho más dramática y emocional… Donde las cosas pequeñas tienen mayor significado y donde la lógica aplastante de las cosas, para ti, ya no tiene importancia.

Nadie te avisó que alguien, de repente, te gustaría y te movería tanto. Simplemente sucedió. Te atrajo, te gustaron sus virtudes, sus cualidades, sus gestos, sus expresiones… Y luego terminaron por gustarte hasta sus defectos.

Mueres por confirmar que sí, le gustas. La paranoia te come o te devora un poco la cabeza y no puedes dejar de obsesionarte con poder confirmarlo.

Para ti lo importante son los pequeños detalles… Por qué te mando ese mensaje, por qué dijo eso delante de ti, por qué te besó así al despedirse.

Necesitas certeza, como va, y saber que sí, te corresponden, o saber que no, y aniquilar definitivamente tu ilusión.

Una parte de ti quiere convencerse de ser objetivo, y aceptar que quizás todo ha sido interpretación tuya… Y otra, necesita conservar la esperanza a como dé lugar.

Empiezas a sobre interpretar las palabras, los gestos y todos las momentos con esa persona.

Bueno, pues eso no sólo es inútil, sino que te hará obsesionarte más, e inclusive, podrías verte tan intenso que espantarás a la otra persona. Es súper contraproducente analizar tanto las señales. Y hacerlo más tiempo, no aportará mayor claridad sino que te confundirá.

Tu ilusión, ahora, no es la mejor consejera.

La ilusión a veces hace que idealicemos. Que veamos historias, cualidades, conexiones o perfección donde no las hay.

Quizás crees que también le gustas, pero podrías estar equivocándote y confundir las cosas. Quizás esa persona sólo ha sido amable, amigable o agradable, y talvez así es con todo el mundo.

Sonreír, ser amable, amigable, cortés, inclusive la caballerosidad y a veces la coquetería… No son las señales definitivas de que le gustas a alguien. No son señales sólidas ni objetivas.

Hay hombres que son naturalmente caballerosos, siempre, y mujeres que son naturalmente coquetas y risueñas, siempre.

  • Saludarte con una sonrisa o devolver un gesto por educación, no son señales.
  • Hablarte ocasionalmente o mientras están en grupo, no son señales.
  • Agregarte, darte like en Facebook o pedir tu número, tampoco son señales.

La verdad, aunque podría no ser la que quieres escuchar, es que cuando le gustas a alguien, sencillamente, lo sabes.

Y entonces no habría lugar a dudas, y no te lo estarías preguntando.

Sabrías que es obvio, y que esa persona no sólo es amable o agradable, sino que desea algo contigo.

  • Te toca, te busca, te sigue con la mirada, es curiosa, hace preguntas, intenta disimular, estar cerca de ti.
  • Sonríe desde dentro y procura activamente platicar e interactuar contigo.
  • Te mira a los labios y a tu cuerpo como si quisiera comerte, o directamente a los ojos con fascinación y encanto.
  • Intenta verse bien para ti, sobresalir para ti, para que tú lo notes.
  • Quiere gustarte.

¿Crees que eres la única persona que actúa “un poco” raro cuando alguien le gusta?

Tú sabes todo lo que cambia en ti y tu forma de ser frente a alguien que te gusta. Y sabes que eso se te nota increíblemente.

¿Crees que a los demás no les pasa lo mismo?

La clave infalible para saber cuándo le gustas a alguien, es que sin importar que quiera o no ocultarlo… Su cuerpo, su mirada, su actitud y toda su personalidad, van a traicionarle.

Cuando le gustas a alguien, lo sabes. Y cuando no, también. Y eso, valga la redundancia, lo sabes.

En el fondo, si le gustas o no, y si es diferente contigo a como es con todo el mundo, YA LO SABES.

El verdadero dilema no es saber si le gustas o no, es aceptar lo que sigue. Ya sea romper esa ilusión, en caso de que no le gustes. O vencer a tu inseguridad y a tu incredulidad, y dar el siguiente paso, en caso de que sí.

Tienes que aceptarlo, y sea cual sea la respuesta, TOMAR ACCIÓN.

El dilema no te llevará a ningún lugar, tal como no lo ha hecho hasta ahora. Y si lo hiciera, sería hacia arruinarlo todo.

Pensar demasiado, te hará perder las oportunidades por no aprovecharlas cuando estaban ahí. Es lo que tienen las oportunidades, que son caprichosas, y si las haces esperar, se van. Eso es lo que pasa cuando permites que tu inseguridad y pasividad sean decisivas y paralizantes.

Pensar demasiado, es pasarte de intenso y paranoico. Y las personas así, espantan. Hacen que prefieras no mover nada ahí y dejarlo todo tal y como está.

ACTUAR, LO ES TODO, tanto si le gustas como si no.

Si sí le gustas. ¿Qué esperas? En serio. ¿Qué esperas? ¿Una patada en el trasero? Yo patearía tu trasero con gusto si eso te hace reflexionar.

Y si no le gustas, todavía, no pasa nada, no tienes por qué angustiarte.

En esencia, no has perdido nada, pero sí has ganado. Has salido de ese limbo de incertidumbre donde estabas atrapado, perdiendo tiempo valioso.

No gustarle a alguien, ahora, no significa que no puedas gustarle.

¿Cuántas futuras parejas hay que no se gustan ahora, o cuantas parejas hay ahora que no se gustaban antes?

No te desanimes si no le gustas ahora.

Gustarle a alguien, seducir a alguien, persuadir a alguien, es activo, es ACCIÓN. Eso quiere decir que necesitas moverte y ponerte manos a la obra.

Los placeres del mundo son para quienes los toman.

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Hasta pronto, y recuerda que todo lo que haces te convierte en quien verdaderamente eres.

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