martes, 23 de diciembre de 2014

Aumenta tu poder de influencia persona a persona


En este artículo, ambiciono poder hacer contigo lo que alguna vez hicieron conmigo: Aprovecharse de mi morbosa curiosidad para enseñarme algunas estrategias sociales increíblemente poderosas y que literalmente, me cambiarían la vida.

El libro de Daniel Carnegie, “Cómo ganar amigos e influir sobre las personas”, lo encontré cuando era niño y esculcaba entre las cajas viejas del cuarto de mi abuelo. Estaba viejo, empolvado, amarillento y medio roto, mi abuelo. El libro parecía más cuidado.

No encontré juguetes (que era mi coartada) ni tampoco revistas con mujeres desnudas (que era lo que en verdad quería), pero sí aquel libro.

El título parecía interesante. A mí me sonaba a un manual con frases y artimañas para hacer de los demás mis esclavos, y pues, vaya desilusión, al principio, porque no encontré eso, pero qué gran sorpresa, al final, porque encontré algo mejor.

Un esclavo esperará a romper sus cadenas para escapar o buscar venganza, así que no es un sistema perfecto, pero el que plantearé aquí se acerca mucho más a serlo, porque se trata literalmente, de ganar-ganar.


No sé si eso quiso decir Carnegie en su libro o si yo entendí lo que quise, pero mi interpretación fue esta: El truco más efectivo, la mejor manera o la artimaña más poderosa para obtener lo mejor que los demás puedan ofrecerte, es poner tu inteligencia en que ellos obtengan lo mejor de sí mismos. Y entonces, por agradecimiento o para seguir obteniendo el bienestar que tú les provocas, tratarán de corresponderte.

Todo lo que la gente quiere en la vida, y a lo que llaman “felicidad”, se reduce a dos simples cosas: Obtener lo que desean y evitar el sufrimiento. Así que si tú les ayudas en ambas, serás cómplice de su felicidad y eso para ellos, no tiene precio. Punto.

No subestimes lo que pondré aquí. No se trata de trucos egoístas, manipuladores y sin escrúpulos, pero sin duda, si haces lo que te digo, conseguirás gustar, encantar, ser apreciado, ser atendido, ser recordado, y construir un estatus social cada vez más amplio, lleno de gente que con gusto y placer tendrá la iniciativa de procurar tu bien, hacerte sonreír, brindarte un bienestar y ofrecerte lo mejor que tienen.

1. No pidas nada, ofrece.


Nunca, jamás, seas o te conviertas en ese tipo de personas que siempre necesita, que sólo ve para sí misma, que sólo sabe abrir la boca para pedir o extender las manos para tomar, pues serás evitado de por vida.

Todo lo contrario. Sé quién descubre el camino y tras conocerlo guía a otros a descubrir el suyo. Sé quién paga el precio para obtener lo que desea y tras obtenerlo motiva a otros a hacer lo propio. Sé quién resuelve sus propios problemas y tras averiguar la forma aconseja a otros para resolver los suyos.

Así, sin pedir nada a cambio, ofrece y comparte lo mejor de ti, sin pedir nada a cambio y sin dar el tiempo a que te agradezcan. Así, sólo por el hecho de procurar el bienestar y ver la alegría en los demás.

Atención: No se trata de permitirle a nadie aprovecharse de ti, pues hay gente tan miserable, tan necesitada y tan mediocre que lo intentará a toda costa. Hablaré de ello más adelante.

2. Interésate genuinamente en los demás.

Esto, a la hora de acercarte a conocer a la persona que te atrae, junto con la sinceridad “efectiva”, son algunos de los mejores métodos de seducción. Los hombres que memorizan frases para ligar, son como cavernícolas a comparación de los hombres sinceramente “efectivos” y genuinamente interesados en los demás. Pero bueno, esto es otro tema…

Interésate en los demás, ponte en los zapatos de otros, genera verdadera curiosidad por los demás y a cada persona que conozcas (a todas, sin excepción), dales un voto de confianza. Cree ciegamente en que esa persona que tienes delante, posee algo único, interesante e invaluable y trátala como si ansiaras descubrirlo.

Créeme. A veces la lección más valiosa te la da con inocencia y sin darse cuenta el niño pequeño, el vagabundo sucio o el viejecito respingón. No desprecies a los demás, no sabes en qué bolsillo y en qué forma llevan los diamantes.

No discrimines. Deshazte de los prejuicios. Todo el mundo juzga a los demás, por su apariencia, por su dinero, por su timidez o por lo que sea, pero, al menos en esto, no seas parte de todo el mundo.

3. Repite con cariño y confianza, enseguida de conocerles, el nombre de los demás.

Carnegie dice que recuerdes el nombre de las personas, pues les encanta oírlo, pero esto va más allá.

Inmediatamente de conocer a alguien, que se llame por ejemplo, Rogelio o Gabriela, dile “Qué tal Royer! Cómo estamos?”, o “Gaby! Me encanta ese nombre!”.

Háblales como si los conocieras de años, como si les hubieses visto en traje de baño en las vacaciones de verano, como si durmieran juntos. Con el mismo cariño con el que le hablas a un niño pequeño y con la misma confianza y desfachatez con la que le hablas a tu hermano mayor.

Una de cada diez personas se molesta cuando haces esto. No te lo tomes personal, no es culpa suya. Están estreñidos, no han hecho popó en dos semanas, tienen gases, tú en su lugar estarías igual.

4. Recuerda lo sutil y lo importante de los demás.

Imagina que conoces a alguien, y así, entre que no quiere la cosa y sin darte cuenta, le mencionas cuál es tu comida favorita, y después de algunas semanas, un día te dice “Oye, no he comido y muero de hambre, hay un restaurante de comida japonesa y recordé que es tu favorita, quieres ir?”.

Yo, de un hombre así y delante de los demás, opinaría “ese cabrón es a toda madre!”, y de una mujer, “esa chica te enamora!”. Además de que con todo el gusto del mundo estaría allí para ayudarle en lo que necesite.

¿Cuánto te cuesta recordar algo de alguien? Nada.

O sea, por nada, obtienes mucho. No sé mucho de negocios, pero creo que este tipo de inversiones son las que más convienen ¿no?

5. Siempre, sin excepción, corresponde igual o más a lo que los demás hacen por ti.


Siempre que viajo a otra ciudad, la que sea, mis amigos, casi literalmente, se pelean por invitarme a comer y/o apoyarme en “lo que necesite”.

Y a la hora de pagar en el restaurante, siempre empieza la pelea romántica del “yo pago”, “no, yo te invité, yo pago”, “no viejo, esta vez me toca a mí”. Y siempre imagino que desde otra mesa hay alguien pensando “a ver a qué hora se besan estos jotos cabrones!”.

Contrario a aquel amigo al que le prestas dinero o lo apoyas de mil formas cuando lo necesita y desaparece cuando tú le necesitas. Ya ni me enojo, sólo pienso “vaya, gracias por mostrarme quién eres”.

Nunca debas un favor. Y no me refiero a no pedir favores o a no aceptar lo que los demás hacen de corazón, me refiero a que siempre y sin ninguna excepción correspondas en igual o mayor magnitud.

6. Reconoce siempre el talento y las cualidades en los demás.

Jamás tengas ningún problema o dificultad en reconocer lo bueno de los demás. Si reconoces algo exclusivamente bueno de alguien, dilo tan claro, tan fuerte y tantas veces como sea necesario.

Eres el promedio de tus opiniones. Tus buenas opiniones sobre los demás, también hablarán de ti.

Reconoce el talento, el esfuerzo, la inteligencia, los resultados, la creatividad, el buen gusto, todo. Si ves algo bueno, dilo. No sabes a cuántas personas les alegrarás el día.

Como mínimo, le agradarás a los demás, pero por otra parte, tú no sabes si tus palabras son el último impulso que alguien necesitaba para sentirse bien, emprender una idea, iniciar un cambio o continuar una lucha.

Alguna vez, un profesor de física me dijo algo como “esto que te puse sólo lo pueden resolver los actuarios, eres muy inteligente”. Ese simple comentario tuvo tal impacto que fue decisivo para elegir mi carrera, y estoy convencido de que mi capacidad de análisis o la facilidad para hacer lo que hago y percibir la esencia de los demás, nació ahí.

7. Hazle a los demás sentir que son el centro de tu atención.

Haz que la gente hable de sí misma, porque no hay nada más agradable para ellos, que recordar sus logros, sus experiencias, sus aventuras, sus batallas ganadas, sus triunfos obtenidos, etc.

Recordar es volver a vivir, al menos en el sentido emocional. No es casualidad que a los viejecitos les guste contar una y otra vez sus mejores historias.

8 (extra). Habla con la verdad.

La cereza sobre el pastel es aprender a mostrar que no eres un adulador, que no avientas flores a diestra y siniestra, que no te esfuerzas por agradar, que no ofreces algo para inmediatamente extender la mano por tu recompensa.

Simplemente, da a los demás y minimízalo, como si fuera un insignificante detalle de cortesía.

Y por último, la parte oscura, el ying y el yang.

Sí, es verdad, siempre habrá la posibilidad de encontrarte con gente ingrata que sólo está ahí para necesitar de ti y desaparecer cuando no, gente para la que su necesidad y miseria les limite a “recibir-recibir”, o gente que nunca devolverá un buen gesto, una atención, una buena intención, un préstamo (o a una exnovia, digo, podría ser el caso), pero tú no sabes quién puede ser así, no es justo que paguen justos por pecadores.

Entonces, a todos por igual, dales la oportunidad, recíbeles con lo mejor de ti, ábreles los brazos y extiéndeles tu mano, cree lo mejor de ellos y dales la libertad de mostrar su verdadero rostro.

A los caballeros, déjales mostrar su honor y ofréceles ese lugar importante entre la gente a la que respetas. A los demás, a quienes no sepan estar a la altura, no les reclames, no les guardes rencor, no intentes cambiarles ni entenderles, no te esfuerces, simplemente, hazlos invisibles. No permitas que su tono gris ensombrezca el brillo de todo lo demás.

Por último, una cosa. Mi solidaridad:

Tanto tú como yo, o tu novia, o tus padres, o tu mejor amigo o un niño pequeño aprendiendo a patear una pelota, podríamos pertenecer a un grupo de personas, de 1 o de 2, de 10 o 20 integrantes, pero también de 43.

No sé, quizá las personas en tu casa reunidas esta navidad también sean 43.

No es cualquier cosa. No es sólo un número. Si una persona desaparece, se lleva consigo su aroma, sus sueños, sus próximas sonrisas, todo. No somos sólo parte de una cifra, somos humanos.

¡Justicia para Ayotzinapa!

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