jueves, 27 de diciembre de 2001

Seducción: Chica Satito, Caso Práctico de Éxito


Esta serie de artículos está completamente llena de pequeños consejos y ejemplos prácticos reales que te darán muy buenas ideas sobre todo el proceso de romance y seducción.

A estas alturas, sin tener que haberme vuelto un mujeriego, he salido con varias mujeres. Cada una con cualidades excepcionales que la hicieron única, con su propio carácter y personalidad.

Para tener éxito con una mujer, sobre todo si es muy atractiva, debes superar varias pruebas de congruencia, debes proyectar las cualidades de atracción más efectivas y también resolver algunos acertijos confusos.

¿Sabes lo que hacen los hombres comunes cuando no logran crear interés en una mujer y no son correspondidos?

La mayoría sólo se limita a confirmar y lamentar su propia mala suerte, o encuentran algo que juzgar y criticar de esa mujer para crear la ilusión de que no han fracasado y no tener que admitir y afrontar su escasa habilidad. Esas dos alternativas son inútiles y tontas, pero tristemente son las más comunes.

Los hombres exitosos con las mujeres aprendieron una nueva filosofía. Y es saber que los fracasos significarán experiencia. Que coleccionar pequeños y grandes éxitos se convierte en confianza y verdadero juego interno.

Los mejores seductores aprendieron directamente de las mujeres, y de otros hombres exitosos. Mientras la mayoría se acompleja al ver el talento, las cualidades y ventajas de los demás, los hombres exitosos son observadores y los convierten en talentos, cualidades y ventajas propias.

No es difícil, es como un videojuego en el que vas aprendiendo habilidades, adquiriendo armas, objetos y subiendo tu barrita de habilidad para acceder a otros niveles.

En este caso "otros niveles" sería análogo a salir con mujeres más bonitas, con cuerpos más hermosos y a tener relaciones más divertidas y apasionantes. Más madrugadas y mañanas haciendo el amor, más mensajes ingeniosos, lindos y divertidos en tu WhatsApp de chicas que quieren llamar tu atención.

Si no sabes de lo que hablo ¡Despierta!

En esta serie de artículos iré relatando algunas de mis mejores relaciones, con las mujeres más increíbles. Cómo nos enamoramos y sedujimos y cómo fue desde que la vi por primera vez, me acerqué y empecé a hablar con ella (o su madre, sus amigos, etc.) hasta la primera vez que hicimos el amor y cuándo empezamos a escribir esta aventura de seducción.


Caso #1: Valeria, mi “satito” extranjera.

Valeria es una chica de piel morena clara, ojos grandes, cabello largo y ondulado, delgada y de 24 años.

Cuando me acerqué a ella iba con su madre. Así que por una parte debía ser educado, caballeroso, respetuoso y confiable, para gustarle a su madre como muy buen pretendiente para su hija. Y por otra parte debía proyectar seguridad, ser atractivo y muy divertido para gustarle a ella.

Las abordé a ambas pero obviamente me dirigí primero a la madre. Me presenté con ella, hablamos unos segundos, le confesé que por un momento creí que eran hermanas, ella empezó a sonreír y aprovechando su energía le dije que caballerosamente me presentaría con su hija.

Mientras hablaba con la madre, sin siquiera voltear a ver a su hermosa hija de piel aperlada, ojos grandes y cabello largo y ondulado, empecé a hablar con un ligero y casi imperceptible tono fresa. Puse mis manos sobre la cintura, sabía que ellas interpretarían mi lenguaje corporal así que procuré que mi cuerpo estuviera ligeramente inclinado hacia atrás, mi cuello recto, y por supuesto, una sonrisa, una mirada amable y un gesto atento, como cuando escuchas o cuentas una gran historia.

Todo muy bien, salvo que las dos se sorprendieron de que yo fuera tan directo y atrevido, a lo que les dije que las más maravillosas experiencias de la vida las disfrutan sólo las personas más atrevidas. Allí estaba siendo sensacional para comunicarme con ellas emocionalmente y aportarle valor a mi saludable perspectiva de la vida.

Cuando por fin hablé por primera vez con mi chica extranjera, ella estaba apenadísima y por ende, tímida. Ya tenía una buena impresión con su madre y ahora debía gustarle a ella.

Puedes gustarle a una chica, eso está bien, pero no es bueno ser demasiado imponente para ella, porque es estrictamente necesario aumentar su nivel de comodidad, es decir, que ella no se preocupe de nada. El error de los seductores novatos es creer que deben ser siempre los machotes alfa súper pro. No se trata de elevar su propio ego, se trata de lograr algo bueno entre “ella y tú”.

A veces es bueno hacerle creer que estas nervioso porque te hace ver más sencillo y más humano, no un "todas mías", pero para hacer esto, tienes que estar absolutamente no nervioso. No es lo mismo que estés moviéndote inseguro y hablando tonterías como imbécil a que con un tono, modulación y una dicción atractivas le confieses que ella y su mirada son imponentes.

Debía nivelar la situación, así que justo al empezar a hablar con ella, le dije que tenía que confesarle que me había puesto muy nervioso, que mi corazón se había acelerado y le pedí que tocara las palmas de mis manos para comprobarlo (no había sudor, pero no importaba). Esto la hizo sentir un poco más cómoda pero no lo suficiente.

Aun así, ella estaba atraída, me lo decía su timidez, la mirada expresiva de sus ojos grandes, la dirección de sus pies hacia mí (uno delante del otro) y el constante sonreír y acariciar su cabello. Eso, combinado con mi atrevida y directa forma de iniciar, me hizo sentir que debía darle un poco de control sobre la situación.

— ¡Ya sé! —le dije, mientras hablaba entusiasta como cuando tienes una gran idea— Fui un atrevido… Pero ¿Qué te parece si te doy mi Facebook, me estalkeas con calma y cuando tú quieras me mandas la invitación de amistad?

Es bueno hablar de amistad, incluso es muy bueno ser tú el que “solamiguea”, siempre y cuando con un buen calibraje y absoluta sensibilidad sepas hacerlo y sepas nivelar la interacción. No puedes sólo solamiguear, si ella te interesa debes avanzar en acciones (Kino, citas, romance) y retroceder simbólicamente con palabras. Es un principio de equilibrio que genera comodidad y con el que vas induciendo a que sea ella quien vaya sobre ti. Tú poco a poco la irás dejando seducirte.

Ella sacó su celular y apuntó mi Facebook, pero no podía dejar que todo dependiera de ella, porque aunque haya atracción, hay muchas razones para que una mujer no te busque.

Puede ser que no te busque por segura y creída o puede ser que no te busque precisamente por insegura e incrédula. Parece algo complejo pero es realmente muy sencillo de entender cuando conoces más a las mujeres. Es natural, yo lo entendí poco a poco. Las entendí tal que incluso a veces utilizo sus propios trucos para explotar la atracción que ya he creado.

Ahora, como lo dije antes, soy el primero en limitarlas a ser amigos ¿Cómo puedo ser directo y decirles también decirles que sólo como amigos? Ese truco se dice aquí.

Su celular era nuevo, con pantalla grande, aplicaciones y demás. Era obvio que ella tenía una buena posición económica (además estábamos en una zona empresarial “nice” de mi ciudad) pero lo importante era que obviamente ¡Tenía WhatsApp!

Nota: Empecé a escribir un "pequeño" artículo sobre WhatsApp pero al final quedó tan detallado y completo que será uno de mis pequeños libros electrónicos. Suscríbanse, ya lo verán por aquí.

En un tono emotivo y un poco guiando su respuesta…

- ¡Ey! ¿Tienes WhatsApp verdad? Mejor platicamos por ahí.

Me dio su número, le dejé una llamada perdida para que me registrara en su celular y más tarde empezamos a conversar...

Inicié la conversación con una nota de voz. Fui explosivo, sensacional, emotivo, fresco, divertido y traté de comunicarle de forma casi subliminal que yo estaba acostumbrado a que las chicas invirtieran en mí, así, aunque ella no estuviera dispuesta a dar los primeros pasos, percibiría preselección y atención.

Esa fue mi estrategia para empezar a conocernos. El truco, además de lo que ya mencioné, está en que no hagas tensa ninguna situación. Si quieres llevarte bien con una mujer que apenas conoces, trátala como si fuese una vieja amiga con la que te llevas muy bien. No quieras no cometer errores, no quieras decir lo preciso (tampoco digas tonterías), no quieras ser perfecto, sólo sé divertido. Es cuando te preocupas demasiado por ser perfecto cuando eres más tonto.

Empezamos a platicar por WhatsApp, ella se interesó más en mí y ya no estaba tímida, o al menos por WhatsApp no se le notaba. Respondía rápido, ponía caritas, me hacía muchas preguntas y ambos decíamos algunas ocurrencias graciosas.

En el Integral de Seducción 3.0™ enseño doble, triple y múltiple conversación. Esa noche llegamos a triple conversación, todo estaba yendo genial.

Esperé unos minutos más y le pedí que fuera a dormir para que "amaneciera más guapa y siguiera robando corazones".

Esa mañana no habría imaginado que al llegar la noche alguien me gustaría tanto y me caería tan bien.

Tras despedirme, y aunque sé que sonará presuntuoso, yo tenía la seguridad de que ella había escuchado varias veces mis notas de voz, de que me había estalkeado, de que también se dormiría pensando en mí y de que yo me estaba haciendo relevante para ella.

Nota: No utilizo mucho el Facebook, pero es útil para transmitir preselección, estatus, atractivo físico y a veces incluso calidad humana (aquí hay un viejo artículo sobre el tema).

Haberme despedido yo y haberle caído tan bien hizo que fuera ella quien enviara el primer mensaje al día siguiente. Puso sólo “:D” pero no hacía falta nada más.

Tuvimos la primera cita tres días después en el mismo lugar donde la conocí, ella llegó unos minutos más tarde y fue una muy buena razón para hacerle bromas por su supuesto “cabello esponjado” ya que no le había dado tiempo a secárselo bien. La verdad es que estaba bellísima, pero yo quería castigarla por impuntual.

Noté que seguía un poco tímida, así que las primeras dos horas me dediqué a hablar y hablar y contarle historias sobre mí, sobre mi vida y algunas anécdotas graciosas y vergonzosas que a sus ojos me hacían ver más sencillo y a la vez más inteligente, y con más calidad y contenido humano de lo que imaginas de un tipo como yo, o de lo que ella había imaginado sobre mí.

En algún momento mientras le contaba algo, pude notar esa mirada de cuando alguien te gusta. Se le escapó por apenas un segundo, pero me hizo sentir bien y seguí con las historias. En cada momento según lo que yo estuviera diciendo recargaba mis manos sobre sus piernas, tomaba sus manos o le daba golpecitos en los hombros.

Debes tocar todo el tiempo, a todo mundo. Si no lo haces se sentirá muy extraño cuando lo hagas por primera vez.

Ella empezó poco a poco a hablar más, a sonreír y a ser ella misma. Las cosas mejoraron cuando le conté algo sobre mí que sabía que le daría risa, y cuando se rió la acusé de insensible y burlona, entonces empecé a meterme con ella y le dije que al menos yo no tenía peinado de león. Me golpeó, la acusé de ser una cavernícola violenta y salvaje, volvió a reírse de mi historia y de lo tonto que había sido, etc.

¡Qué divertido es todo el proceso de romance! Los que no lo han vivido así de padre ¡Despierten! ¡O empiecen a soñar! Pero hagan algo.

Más tarde fuimos a algunas tiendas de ropa en plan de ver qué nos quedaba mejor, opinar, sugerir y así. No entiendo el cliché de que a los hombres no nos gusta acompañar a las mujeres a comprarse ropa ¡A mí me encanta! Me gusta decirles qué las hace ver más sexys, que ellas opinen sobre lo que me queda mejor, etc.

Tenía que aprovechar eso, así que le pedí que me acompañara al probador, me probé algunas prendas, le pedí su opinión, y en una de esas, dejé a propósito la cortina abierta mientras me cambiaba el pantalón.

Yo llevaba boxers de licra que me han dicho que se me ven muy bien, sabía que ella me vería y el plan era descubrirla cuando me estuviera mirando para acusarla de ser una pervertida mirona.

Eso sería divertido y me ayudaría a ponerle barreras simbólicas más adelante al prohibirle que me mirara de esa forma libidinosa. Además, me gusta hacer deporte y me gusta mi cuerpo, sé que las mujeres también desean, imaginan y fantasean, entonces el plan era que más tarde ella se repitiera la imagen de haberme visto semidesnudo con los boxers pegaditos.

Para la tarde-noche de ese mismo día ya estábamos tomados de la mano y el contacto físico había aumentado. Esa pequeña escalada fue más sencilla porque yo le pedía que no fuera tan rápido conmigo y le decía que era increíble haberla sorprendido mirándome de esa forma tan sucia en el probador, que casi me desnudaba con los ojos.

Cuando conozco a mujeres de día, mientras ellas están en su vida normal, y luego estamos en una primera cita, hay un buen contraste porque ellas siempre se ven más bellas. Exactamente lo contrario pasa de noche. De noche parecen más bellas.

Mientras hablábamos de otra cosa, me puse serio y cuando me preguntó qué pasaba, volví a decirle que no podía creer cómo me miraba. Me golpeó de nuevo y seguimos platicando. Me sentía como si estuviera junto a una buena amiga, con un extra: Ambos sentíamos atracción, y pasarían cosas riquísimas entre ambos.

Su sonrisa era encantadora, su expresión alegre la hacía mucho más hermosa que cuando la había conocido, me encantaba su cabello y escucharla hablar, ahora era ella la que ponía sus manos sobre mis piernas. Sacó su gloss y se puso brillo en los labios. Yo juro que eso lo hizo a propósito para que yo pensara en besarla (como mi truco en los probadores), y lo logró. Pensé en besarla, pero no caería tan fácil. Aunque a ella le intereses, nunca debes “caer” enseguida como si estuvieras urgido, eso hará que pierda el interés.

Este mundo de la seducción hace fanáticos y gente súper desubicada que aprende mal la seducción y se aleja del verdadero sentido de esta, creyendo que el mérito está en el logro que le puedes presumir a los amigos en vez de en la calidad y la relevancia física y emocional que logran sentir ambos: Ella y tú.

Podía besarla, con PNL, con alguna ingeniosa forma de robarle un beso o simplemente intentarlo directamente para que me rechazara, reaccionar muy bien a su rechazo, que se sintiera segura y me correspondiera bien el próximo intento (un rechazo no es malo, porque puedes aprovecharlo y proyectar cualidades si respondes bien a él, así funciona esto).

Podía besarla ese día, en ese preciso momento, pero no iba a hacerlo. Quería que ella deseara besarme tanto como yo, quería mi relevancia emocional en su mente.

— ¿Te confieso algo? Me muero por morder tus labios… Pero lo haré en un mejor momento.

Yo no le dije “besar”, le dije “morder”, lo cual es un paso más adelante. Hacer esto es como negociar, haces una propuesta atrevida en vez de una propuesta tímida. Después de decir “morder”, “besar” suena más light.

Sonrió e inmediatamente después de eso su contacto físico conmigo mejoro más, no al nivel de crear tensión sexual, sino al nivel de sentirse segura, cómoda y protegida con alguien que definitivamente era más dominante y estaba delante de ella en experiencia pero que la hacía sentir bien.

Ella también me seducía. Qué sensual es una mujer con el cabello muy cuidado y largo casi hasta la cintura. Su cuerpo era hermoso, delgado, estético, sus pechos entre medianos y pequeños. Y su arma secreta contra mí: Su cintura, su cadera, sus pompis y sus piernas.

Se había vestido sensual y reservada. Zapatitos pequeños, una blusa delgada de estampado casual que cubría y entallaba en sus pompis y las marcaba paraditas sobre sus leggins color gris oscuro y una chamarra pequeña que descubría su cintura.

Su vestir era reservado tal que sólo mostraba la piel de sus pies y sus manos, pero tan sensual que marcaba de forma casi transparente la sugerente figura de su torneado cuerpo desnudo debajo de ella.

Dejar lugar a la imaginación, eso seduce, también me seduce casi hipnóticamente una mujer que muestra sus muslos firmes bajo una falda, vestido o un pequeño short. Esto es instintivo, quiere decir que no lo decides, simplemente te atrae y ya.

Nos despedimos y más tarde me mandó un mensaje agradeciéndome lo bien que la había pasado, le dije que ella era increíble y a partir de ahí empezamos a hablar casi todos los días (excepto cuando alguno tenía compromisos). Ella tenía no sé qué plan de línea telefónica así que me marcaba a mi celular y hablábamos largo rato.

Su acento, su forma de reaccionar y algunas de sus expresiones (que para mí eran nuevas) eran lo que más me gustaba de ella. Me hacía sentirme cautivado sólo con escuchar esa forma tan precisa y perfecta que tenía de hacer sonar ligeramente una "l" donde va una "r" y demás atractivos detalles de su acento extranjero.

Cada que yo hacía algo seductor (o sea, constantemente), ella decía que yo era un “sato”. Nunca entendí exactamente que quería decir pero creo que era una combinación entre "desnudista", "seductor", "sexual", "fácil" y "encantador".

La primera vez que nos besamos fue en nuestra segunda cita. Estábamos abrazados y en un audaz movimiento, cuando ella me abrazaba por la cintura, deslice sus manos debajo de mi ropa acariciando con ellas mi espalda caliente hasta casi los hombros.

Por su reacción, supuse que eso la había prendido o por lo menos le había gustado mucho.

— ¡Sato! ¡Eres un sato! ¡No puede ser! Assshhh, eres…

— ¡Cállate!

Y entonces la besé. Se sorprendió porque no lo esperaba, pero me correspondió y siguió acariciando mi espalda. Dos segundos más y corté el beso para dejarla entre prendida y cautivada. La tomé de la mano y me disponía a caminar mientras hablaba de cualquier cosa, pero…

— ¡Noooo! ¡Ahora vas a ver!

La gente que tuvo la suerte de pasar en ese momento entre que sonrió, criticó, disimuló e ignoró la escena. Pero fue tan rico que sentí que los hombres deseaban estar en mi lugar y las mujeres en el lugar de ella.

Me llevó contra la pared, volvió a meter sus manos bajo mi ropa y empezó a besarme tan rico, tan intenso, tan provocativo y apasionado que no tuve más que disfrutarlo y dejar que hiciera de mi lo que quisiera siempre y cuando no dejara de acariciar y rasguñar ligeramente mi espalda.

Era obvio que ese beso no podía cortarlo yo, pues ahí estaba claro que ella había tomado el control de la situación en una tipo venganza contra mí por haber aprovechado cada situación para seducirla y provocarla.

De repente cortó el beso, me dijo "… ahora sí" refiriéndose a que ahora era ella quien me había tomado de la mano y caminaba delante de mí. Ahora mandaba ella.

Mi expresión era de sorpresa, parte porque real me había sorprendido, me había prendido y excitado lo que hizo y parte porque yo debía reaccionar así, de forma que ella se sintiera bien y estimularla para volver a repetir el truco cuando deseara. Por mi feliz de que lo hiciera tantas veces como quisiera. Seducirme en público, qué rico.

— ¡Satito! ¡Tú eres una satito!

Ella dejó de ser Valeria o cualquier apodo tierno y divertido, a partir de allí ella era "satito" y así fue siempre desde aquel día.

Antes de habernos besado por primera vez, y desde la primera cita, cuando apenas empezábamos a conocernos fui muy claro en que no buscaba una relación ni tampoco la rechazaba. Quedó entendido que lo que pasaba entre nosotros estaba fuera de cualquier norma social y que la idea era disfrutar de ambos, ya sea de nuestra compañía y amistad o de una relación romántica y sexual. Lo fugaz o eterno de nuestra relación dependía de ambos, no de ella o de mí o de ningún plan, sino de ambos.

Un viernes a eso de las 8pm me preguntó por WhatsApp si tenía planes. Era obvio que quería que hiciéramos algo juntos pero yo no quería salir, prefería pasar la noche con ella en plan más tranquilo.

Me invitó a bailar y yo la invité a pasar la noche juntos. Sabía que eso activaría sus defensas, entonces me adelanté y le dije que hacer el amor era cosa de dos, y que el día que ella y yo estuviéramos juntos sería porque ambos lo deseábamos con tantas ganas.

Los dos cedimos un poco y el plan final fue salir a bailar, luego ver una peli en el depa y el primero en dormirse hacía o invitaba el desayuno al día siguiente.

Fuimos a bailar, y aunque yo no quería, no me arrepentí. De hecho me gustó, ella llevaba zapatillas, una blusa delgada que descubría toda su espalda, leggins blancos que dibujaban perfectamente su cadera, sus muslos, sus pompis redonditas, y se había maquillado los ojos que a mí me parecían enormes e impresionantes. Hasta las mujeres la veían así como las mujeres ven a las mujeres guapas, unas envidiosas descaradas y otras tomando ideas para ellas mismas. Se veía genial.

Se siente bien cuando otros hombres envidian tu compañía, y todavía más porque ella empezó a bailarme muy sensual. Recordar la desnudez de su espalda y sentir su cuerpo junto al mío, sus pompis paradas y redonditas (¿lo he dicho ya muchas veces? pues mujeres, tomen nota, los hombres por supuesto nos fijamos en eso) y el diminuto triángulo blanco de su ropa interior que se marcaba debajo de sus leggins y su espalda baja me seduce incluso ahora.

Más tarde, aunque el ambiente era rápido y movido, ella se abrazó a mi cuello y empezó a besarme lentamente. Es difícil explicarlo con palabras, pero ambos sabíamos que en aquel momento, en silencio, ese beso era el pacto de lo que pasaría esa noche. Ella también deseaba hacerme el amor.

Antes, en alguna conversación cotidiana mientras comíamos, hablábamos de nuestras preferencias al hacer el amor. Ella me dijo que le parecía que yo era muy dominante, acepté y dijo que ella era más. El comentario fue pícaro y retador, pero no era algo que se debiera hablar más en el momento. Era un reto que recordaríamos después.

Aproveché el reto de aquella conversación en ese momento, con ella abrazada a mi cuello. Los dos sentíamos esa rica complicidad y retarnos se había convertido en parte de nuestra forma de pasarla bien.

— ¿Y qué? ¿La niña satito tierna e inocente no le tiene miedo al lobo?

— ¿Tú eres el lobo? ¡Ay mi vido! * acariciando mi mejilla como con gestó de compasión *

— ¡Mira niña, vas a suplicar!

Continuamos un poco el juego de amenazas y compasión, luego nos fuimos de ahí.

Casi llegando al depa platicábamos sobre cualquier cosa pero ambos sabíamos lo que iniciaría una vez dentro, al escuchar el clic al cerrar la puerta, estando solos y teniendo una larga noche sólo para nosotros.

Así fue. Se volvió a repetir la escena de llevarme contra la pared (junto al refrigerador).

Yo hacía horas que moría por acariciar sus piernas y tomar con fuerza su trasero, por arrancarle la ropa que estorbaba, por tomarla de la cintura y cargarla, que se abrazara a mí con sus piernas y brazos.

Me gustaba saber que a partir de ese momento disfrutaría completamente de ella. Me excitaba pensar que en un momento desprendería de su cuerpo su diminuta ropa interior hasta dejarla desnuda. Y que ella disfrutaría al sentir mi cuerpo grande junto al suyo, cuando la tomara fuerte y dominante con mis brazos y ella empezará por fin a acariciar mi espalda, mis hombros, mis brazos y mi torso desnudo. Ansiaba el momento de rodearla con mis brazos y hacerle el amor con tanta fuerza y tantas ganas que ella se sintiera dominada, poseída, entregada, sumisa.

Antes, en algún momento del ritual, en el juego previo sobre la cama, la voltearía boca abajo y me tomaría el tiempo necesario de excitarla lentamente, de besarla y recorrerla desde la nuca hasta sus muslos, estremeciéndola y provocándola hasta que ella me pidiera que la penetrara o volviera a tomar el control, me pusiera boca arriba y se sentará sobre mí para empezar a mover su cadera y hacerme el amor mientras yo contemplaba sus pechos.

Aún seguíamos al lado del refrigerador, y yo prefería interrupciones en ese momento que después. Le dije que no se moviera ni un milímetro de allí. Fui a mi recámara, encendí la compu, verifiqué que los condones preferidos estuvieran exactamente donde deben estar, abrí ligeramente la ventana (por el calor que habría dentro de poco), quité de la cama la ropa que me había probado antes de salir y volví con ella, al lado del refrigerador (por alguna razón todo debía iniciar allí y terminar en la recámara).

No todo pasó como quería, fue mejor. Ella me desnudó primero y empezó a hacerme sexo oral de -perdón por la expresión- de putísima madre, te amé caray. Me hacía cerrar los ojos y gemir levemente. Yo acariciaba y rasguñaba su cabello haciéndole saber cuándo más placer me hacía sentir. Lo hacía tan bien, o con tantas ganas, como sea, eso es estar en el cielo y no mamadas, o más bien… bueno.

Esa noche prometía y aunque el principal provocador todo el tiempo había sido yo, ella me tenía ansiando el momento de penetrarla primero despacio y luego con fuerza y rápido hasta hacer que gimiera ahora ella, que me rasguñara y dejara marcas en mi espalda, que su respiración se agitara y se perdiera en si hasta gritar, jalarme el cabello, acabar, recostarse a mi lado y decir lo genial que había estado. Para el sexo también hay estrategias: Las posiciones y la excitación mental que crean, aprovechar las almohadas, la cama, la pared, incluso la suavidad, dureza y elasticidad de la cama.

Si todo terminaba bien y como lo esperaba, ella quedaría dormida en mis brazos como angelito, y si no y nos cansábamos antes, le pediría que nos bañáramos juntos e iríamos después por un segundo round.

Todo término muy bien, ella no era tan dominante como prometía, o al menos no era más que yo. Hubo mucho juego previo, besos en cada centímetro de su cuello, en los hoyitos de su espalda baja, su cintura, sus nalgas, sus muslos, por supuesto también le hice sexo oral (merecía un fantástico sexo oral), hicimos el amor y sobre la cama mojada, ambos, algunos minutos después nos quedamos dormidos. Ella se quedó dormida primero. Habíamos apostado que el que se durmiera antes invitaba el desayuno, pero todo había estado tan rico que no sé cómo yo sí recordé aquella pequeña apuesta.

Antes de que ella se quedara dormida, mientras seguía recostada en mi pecho y acariciaba su cabello, puse música a muy bajo volumen. Esto es fácil, con la aplicación "Remote" de Apple puedes controlar iTunes desde el celular.

A oscuras, con la música haciendo más rico el ambiente, desnudos sobre la cama mojada, debajo de una sábana delgada y abrazándola, me dijo que se le hacía increíble todo lo que estaba pasando conmigo. Que era la primera vez que se encariñaba tanto de alguien en tan poco tiempo. Le dije lo hermosa que se veía, le confesé el deseo que había sentido hacia ella, las varias veces que quise hacerle el amor desde aquella escena seductora de "mi niña satito" delante de la gente y por supuesto también me estaba encariñando.

No recuerdo lo último que dijimos esa noche, yo estaba estupendamente feliz y en mi cabeza hacía el recuento de cómo me había acercado a ella, nuestra primera cita, el primer beso y todo hasta ese momento, allí, desnudos, después de hacer el amor. Pensaba en su cuerpo y era lo que más me gustaba de ella. Pensaba en su acento extranjero y eso era lo que más me gustaba. Pensaba en su sonrisa, en sus ojos grandes o en su cabello largo y era lo que más me gustaba. Sentía su piel desnuda y cálida y pensaba que era ella completa todo lo que me gustaba.

Dormí algunas horas. Me levanté temprano, preparé todo para bañarnos juntos e irnos a desayunar.

Besarnos bajo el agua caliente de la regadera, acariciar nuestros cuerpos desnudos con el jabón, mi erección y su lubricación natural al apenas estimularla. Volvería a encender el deseo, y haríamos el amor de nuevo. Sentiría ganas de hacerle el amor de nuevo, pero si quería seguir cautivando su interés y su atracción debía hacerla desearme más. Yo quería que ella hiciera lo mismo conmigo, hacerme desearla más.

Volví a la cama, me metí debajo de las cobijas y la abrace. Mi cuerpo se había enfriado, su cuerpo se sentía muy bien, muy suave y muy caliente. Volví a dormirme. Nos despertamos unas horas después y la invite a bañarnos juntos.

Besarnos bajo el agua caliente, enjabonar su cuerpo desnudo, mi erección…

— ¿Quieres que te haga el amor aquí?

— ¡Sí!

— No porque nos resbalamos.

— ¡Tonto!

Nuestra confianza había avanzado a pasos agigantados. Al salir de la ducha le pedí que me diera un masaje untándome crema y yo le di un masaje a ella. Dibujé con mis manos y mis besos su espalda, su cintura, sus nalgas y sus muslos de nuevo. Estaba muy excitado y ella también, volví a subir a su cuello besando su espalda, volví a tocar su vagina y a percibir lo mojadita que estaba, casi renunciaba a mi plan de hacer que nos deseáramos más… pero no debía. Le dije que no alcanzaríamos algo para desayunar.

Le di mis más deliciosas opciones para ir a desayunar y le dije que aunque ella se había dormido antes, la dejaría decidir. Aun así, con un tono tierno traté de convencerla de consentirme e ir a lo que yo quería, pero como yo la había prendido y la había dejado con ganas de hacer el amor, ella me dejaría con antojo de desayunar lo que yo quería.

Está bien ser dominante, pero debes seguir manteniendo un principio de equilibrio. Debes ceder a veces, debes ser juguetón a veces, ser rebelde y consentidor. Debes ser atrevido y salvaje, o cariñoso y protector cuando se requiere.

Desayunando juntos, mientras platicábamos cualquier cosa. Volví a recapitular que eso que tanto me estaba gustando había iniciado hace apenas unos días y parecía como si lleváramos ya bastante tiempo saliendo.

En la mañana del día que la conocí no habría imaginado lo que iniciaría esa tarde y todo lo que pasaría después.

¿Cuántas cosas increíbles no se han perdido aquellos hombres que permanecen en su zona de confort y no se arriesgan a vivir las únicas experiencias que realmente valen la pena? Yo fui uno de esos hombres, sé de lo que hablo.

Son pequeñas cosas como esta las que hacen que vivir sea tan rico y tenga sentido y significado.

Este es el primero de siete casos prácticos de éxito que publicaré. Comparte este, dale clic en "Me gusta" y trataré de publicar pronto el próximo.

PD: Esta canción me la enseñó ella la primera vez que platicamos por WhatsApp y se volvió mi favorita.

5 comentarios :

  1. Cuando sería el próximo seminario en el Df fenix?

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  2. eres de los pocos instructores que iría a su seminario. lastima k queda en mexico.

    aver cuando te vienes a buenos aires, aquí hay chicas de un nivel increible!!

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  3. hola fenix soy junior, un seguidor del extranjero... eh leido muy emocionado este caso práctico, pero te tengo una pregunta ya que algo así me ha pasado.....
    dime: si esta chica, en el primer acercamiento te ubiese dicho que no tenía whatsaap (cierto o no); ¿cómo ubiesemos logrado un buen cierre?????

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  4. como encuentro el libro electronico d wasap soy miembro d lifestyle

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  5. Chiquillo, que pena que estés tan lejos, me identifico mucho con tu filosofía y cada cosa que escribes me estimula para seguir mejorando como persona. Un saludo desde España.

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