viernes, 3 de noviembre de 2000

Porque se me da la gana

No quiero nada en mi vida que no me permita hacer lo que se me dé la gana en el momento que quiera.

Suelo ser el tipo de persona que cree que todo tiene una explicación lógica (o ilógica), pero racional. Entonces para mi, todo, absolutamente todo, tiene una razón de ser y por algo pasa o existe, no creo en karmas, dios no existe, la justicia divina me pela los dientes, me rio del destino y los milagros (creo que ya me he dado a entender).

Tomando un poco de tiempo para pensar y tratar de explicar lo que ocurre en mi cerebro, doy con una conclusión, que por ser ahora la más adecuada, es la que tomaré como verdadera hasta que tenga una explicación mejor: (un momento…)

¿Cuál es la cuestión?

Hasta hace un par de horas, pensaba firmemente "NO quiero relaciones estables", y creía que esa era la respuesta verdadera. Pero no lo es.

SI quiero relaciones estables. Lo sé porque las tengo y soy feliz, porque suelo enamorarme de muchas de las chicas que conozco y porque me encanta conocerlas más y ser yo quien sabe de ellas cosas que otros no, saber que yo he visto y he tenido de ellas cosas que otros no. Amo a las mujeres en el corto y largo plazo:

  • Tamara, la niña modelo de la que hable en uno de los artículos hace un par de semanas.
  • Viviana, la niña de los ojos encantadores tierna como ratoncito desorientado.
  • Olga, la niña mujer que se "enamoro" de mí en 1 semana.
  • Mariana, la chica intelectual que canta bonito por teléfono.
  • Alejandra, la chica de Sinaloa.
  • Valeria, la chica que de todo me discute y todo me contradice.
  • Norma, la chica de los jueves.
  • ...

Todas me encantan, lo digo de verdad, y por cada una de ellas me desvelaría cada noche hasta no dormir días enteros. Estaría al lado de cada una de ellas, apoyándola en silencio si estuviera pasando por un momento difícil. Les compondría una canción a cada una y se la cantaría al oído si eso la hiciera más feliz.

La cosa es... Con todas ellas quiero seguir saliendo hasta que algo pase. Menos con una.

Y no es porque algo no me guste de ella:

  • Le soporto que sea cursi, muy cursi, incluso también he sido cursi.
  • Le aprecio su dibujo de Garfield con plastilina, hasta le corregí los bigotes.
  • Me divierto aun cuando elija películas aburridas, incluso la dejo volver a elegir.
  • Tomo con total tranquilidad que me regañe por tirar basura en la calle, ya hasta soy un chico más limpio.
  • La acepto como es y aprendo a entender ciertos detalles a los que no me siento acostumbrado.
  • Acepto sus defectos porque por supuesto yo también tengo.

En general, soy un buen chico, hasta podría ser un buen novio.

No tengo problemas con nada. Puedo dar lo que hay en mí a ella y cada una de ellas, para que dentro de unos años me recuerden y sonrían (ese, muchas veces, es mi motivo detrás de todo) y sea yo en sus vidas una experiencia de la que aprendieron mucho.

Lo que no soporto es que quiera, o quieran controlar lo que yo hago y prohibir lo que creen que no debo hacer.

No quiero nada en mi vida que no me permita hacer lo que se me dé la gana en el momento que quiera. Ese es el verdadero problema con el que se topará cada persona en mi vida. Tendrá dos opciones: O lo comprende y se adapta, o tendrá que ser más inteligente y persuasiva que yo para hacerme cambiar sin que yo lo note, o lo note, y me sienta feliz con el cambio.

No le huyo a las relaciones, no le tengo miedo al amor y soy capaz de sacrificar mi tiempo y dedicación en cualquier mujer que lo merezca.

Pero no soy capaz de convivir con la palabra "prohibido".

Como tampoco soy capaz de vivir con alguien. Vivo solo y así soy feliz, por pequeñas grandes cosas:

  • Si quiero el domingo no me levanto.
  • Si se me da la gana ando desnudo todo el día.
  • Puedo dormir tirado en la cocina y nadie me dirá nada.
  • Si quiero llego y si no, no.

Aunque realmente por gusto propio, no hago todo eso, me es indiferente porque sé que puedo hacerlo y no me es prohibido. Quizá sólo soy como un niño pequeño al que le dicen "no toques" y entonces quiere tocar, "no hagas" y entonces quiere hacer. ¡Vaya motivos los que conducen la vida humana!

¿Será que de niño me limitaban mucho? No tengo idea, pero debe haber alguna explicación coherente para el comportamiento de personas como yo.

Quizá todo esto, la rebeldía ante lo prohibido, es una de las razones que mejor explicarían los problemas de infidelidad. O la gran cantidad de matrimonios fracasados. O la infelicidad de muchas parejas que ilusionadas decidieron "firmar el contrato de exclusividad".

En fin, hoy he dedicado un par de horas a pensar en ello. Sería bueno que toda la gente lo pensara también, sobre todo antes de tomar decisiones trascendentales en su vida. Además, es una forma de autoconocimiento bastante efectiva.

Este es un blog de seducción y hoy no puse casos prácticos ni estrategias directamente relacionadas al tema. En vez de ello, hablé más sobre mí, mi crítica u opinión y mi forma de pensar.

"¿Y qué?" Pienso.

¿Crees que tendría un blog si me prohibieran escribir sobre lo que se me dé la gana?

Normalmente se me da la gana dar consejos sobre las cosas que no aprendí en los libros (y que sé que ayudarán a mis lectores en su transformación a artistas de la seducción). Hoy no se me dio la gana hacer eso.

¡Éxito!

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