jueves, 4 de octubre de 2018

¡Cómo “Quejarse” Destroza La Vida De Quien Lo Hace!


“Los hombres son unos cabrones”, “las mujeres son interesadas”, “mis colegas de trabajo son nefastos”, “la gente es mala”, “esa persona me cae mal”…

“Odio los días soleados”, “odio los días nublados”, “esto y aquello es naco”, “esto no puedo”, “esto me molesta”, “esto me da miedo”, “ya me cansé”…

¡Quejas! ¿Qué tanto de tu mundo está descrito forrado por este tipo de quejas?

¿Qué tanto de ti y tu vida son sólo nocivas quejas que limitan tu mundo, y peor, permean y repelen a quienes te rodean?

Hay gente confundida. Creen que quejarse es tener altos estándares, y no, pero puede ser usado por quienes no los tienen para hacer parecer que sí. Creen que quejarse es ser ambiciosos, y no, pero puede ser usado por quienes no lo son para hacer parecer que sí. Creen que quejarse es ser objetivos y realistas, y no, pero también puede ser usado para hacer parecer que sí.

Las personas que no solucionan, se quejan, las que no enfrentan la adversidad, se quejan, las que no abren su mente para entender otras perspectivas, se quejan, las que prefieren la salida fácil, se quejan.

Quejarte, es sigilosamente peligroso, de verdad. Es capaz de perjudicar tu vida, tu personalidad, y claro, a las personas que te rodean.

Las quejas son la opinión negativa que alguna vez tuviste sobre algo, pero que una vez instaladas, nublaron tu mente, alteraron tu percepción del mundo y están ahora escribiendo tu realidad.

Puede que no lo veas, pero el hábito de quejarte de todo, afecta tu estado de ánimo, reduce tus aspiraciones, tus deseos, tu energía, dinamita tu vida y tus relaciones.

¿Ejemplos? Ok.

¿“Todos los hombres son infieles”?, es una queja, y si te la crees ¡qué triste que en tu mundo no existan hombres honestos, leales e íntegros!, ¡no hay, en tu mundo!

¿“Todas las mujeres son interesadas”?, otra queja, y también, ¡qué triste que en tu mundo a ninguna mujer le importe la clase de persona que eres!

¿“Tu ex es basura”? Pudo haber sido un patán, o la persona equivocada, puede ser, pero si quejarte de quien estuvo en tu vida es la única cara de la monera que puedes ver, en tu mundo no existe oportunidad para mejorarte a ti.

Creer ciertas todas tus quejas, te exime de responsabilidades, te libera de exigencias personales, te da la razón a ti porque siempre es todo y todos los demás lo que está mal, tú no.

Puede que esto te suene bien, cero exigencias, cero responsabilidades, cero errores personales. Sí, es perfecto para quien nunca va a crecer como persona.

¿Más ejemplos? Hay muchos. Las quejas, los prejuicios y los pretextos siempre sobran.

¿Renunciaste a algo porque resultó que era muy difícil? ¿“Muy difícil” es tu queja? Pues, si la aceptas, te la crees, y en el futuro jamás podrás hacer nada que resulte “difícil”.

¿Abandonaste la dieta porque sacrificabas mucho y te ponía de malas? ¿Esa es tu queja? Ups, ahora ya no puedes hacer nada que ponga un poco a prueba tu tenacidad.

¿Dejaste de hacer o emprender algo que deseabas porque te exigía un tiempo que tu ritmo de vida no te daba? Pues, despídete de cada cosa satisfactoria, en tu vida, que también requiera tiempo.

O podrías quejarte cuando el cuerpo duele porque entrenaste duro, pero… ¿es posible que no veas que haber podido entrenar duro es más bien algo valioso qué valorar y agradecer?

Podrías quejarte porque la universidad se está poniendo difícil, pero… ¿es posible que no veas que mientras más grande sea el reto que superes, más preparado estarás para lo que sea que venga?

En fin. Quejarte es la salida fácil, luego, aceptarla como verdad la convierte en tu realidad, te limita, y ahora hay un montón de cosas inalcanzables para ti, todas, acordonadas de quejas.

Quejarte impacta, se instala, se convierte en hábito.

La excusa perfecta para cuando no puedes, para cuando no entiendes, para cuando la pereza gana, para cuando se requiere valor pero no se tiene.

Ahí había nuevas posibilidades, ahí estaba la situación perfecta para obligarte a mejorar, ahí había algo qué aprender o descubrir, ahí, pero lo cubriste de quejas.

Quejarte es un patrón, se convierte en hábito, y una vez formado, sucede en automático. Empiezas a quejarte sin darte cuenta de que lo haces.

Manchas, y manchas, y manchas, y manchas, y manchas, y de repente a donde sea que mires todo está lleno de manchas.

Seguirás quejándote de la vida o de las personas, incluso cuando no haya motivos, o incluso cuando los motivos que haya, sean más bien para disfrutar, valorar o agradecer.

A veces hay cosas grandes, valiosas, junto a ti, pero es imposible para ti verlas mientras sigas tan ocupado, quejándote.

¿Quieres seguir encadenado al pasado, a las sombras, a tus límites, al mundo que conoces, a la visión pesimista y negativa de todo alrededor tuyo?

Fácil, sólo tienes que seguir quejándote y tu mente repetirá el patrón aprendido.

Ya no tendrás que reflexionar nada, buscar soluciones, cambiar la perspectiva desde la que observas, aprender algo nuevo. Ya no.

Tu cerebro ya aprendió, instaló sus quejas, y eso es lo que habrá en esa zona en tu cerebro de ahora en adelante.

Quejas, pretextos, salidas para escapar sin haber llegado a la meta, cosas que están mal en los demás o en la vida, y ninguna oportunidad en ti para mejorar.

¿Quieres vivir una realidad con todo en tu entorno acordonado de quejas y sus consecuencias? Si no, entonces, no la escribas.

Cambia el chip, y quizás en vez de quejas encuentres retos, situaciones difíciles de entender pero interesantes, pruebas complicadas que te ayudarán a fortalecer tu carácter y desarrollar tu personalidad.

En vez de quejarte, cambia. En vez de quejarte, muévete. En vez de quejarte, sal de ahí. En vez de quejarte, inténtalo otra vez.

Recuerda. Quejarte, la mayoría de veces, es evadir, escapar, es la salida fácil, pero no es lo que quieres.

Quieres mejorar, quieres estar a prueba y superarte, quieres retar a tu inteligencia y aprender un poco más, quieres el dominio de tu mente.

Quieres energía, seguridad, tener una actitud versátil, proactiva, quieres expandir tu mundo donde otros limitan el suyo.

Quieres todo esto, ¿cierto? Bueno, no lo encontrarás en la salida fácil. Hay que ir más allá, hay que reventar el hábito de quejarte. No te quejes, resuelve. ¡Arre!

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